08 noviembre 2011

Entrevistas: Daniel Miguez-El retrato escrito de un Presidente en acción/Por Conrado Yasenza

Entrevista a Daniel Miguez. Periodista. Autor del libro Kirchner íntimo.

El retrato escrito de un Presidente en acción.

En la presente entrevista el periodista Daniel Miguez, quien publicó recientemente el libro Kirchner íntimo, reflexiona acerca de los desafíos y tensiones que supone el encuentro y la cobertura de la gestión de un presidente de la Nación. También analiza dos conceptos que en la actualidad se hallan en disputa: La idea de un periodismo objetivo e independiente versus la categorización de “periodismo militante”.

Por Conrado Yasenza

(para La Tecl@ Eñe)


- Conrado Yasenza: En la introducción de su libro Kirchner íntimo, Usted relata que en el 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, era editor de política del diario Clarín y que a través de Miguel Núñez, quien manejaba la comunicación del gobernador Néstor Kirchner, le llegó la propuesta de conocerlo y conocer las ideas que tenía para ejercer el poder si llegaba a las elecciones. ¿Con qué expectativas e inquietudes llegó a ese encuentro?


- Daniel Miguez: No muchas. Kirchner tenía apenas una intención de votos del 2%. Para mí, era apenas el esposo de Cristina, que por ese entonces, al menos para los periodistas de política, era bastante conocida. Cuando me contó lo que pensaba hacer si un día llegaba a ser presidente, pensé que era sólo un montón de buenas intenciones, y, además, para mí, imposibles de realizar. Finalmente, como presidente, hizo mucho más de lo que me dijo ese día.


- CY: ¿Cómo era la relación del diario y Néstor Kirchner en aquel momento? ¿Qué idea tenían de Kirchner en el diario?


- DM: Al comienzo fui a verlo por una iniciativa personal. Es más, tuve que pedir que me dejaran publicar un texto pequeño sobre él, como para hacerle una “gauchada”, como hacemos tantas veces con cualquier político. La cosa cambió cuando a fines de 2002 se convirtió en el candidato del presidente Eduardo Duhalde. El diario iba a apoyar a cualquiera que fuese el candidato de Duhalde, y en consecuencia le dio su apoyo.


- CY: Sabemos que el periodismo maneja como concepto fundamental del ejercicio de la profesión la objetividad, el ser objetivos ante un acontecimiento o en el abordaje de personas públicas o con cargos de responsabilidad política. En el libro plantea Usted que a lo largo de los encuentros con Kirchner experimentó tensiones, dificultades, entre el ejercicio de la profesión y la posibilidad de herir al presidente. ¿Cómo se fueron resolviendo esas tensiones?


- DM: Sinceramente, yo considero que la objetividad es algo imposible de poner en práctica. Sí, en cambio, debemos tender a la ecuanimidad y ser intelectualmente honestos. En ese marco, en donde señalo la existencia de una lucha de conciencia en mí. Siempre prioricé la obligación de escribir algo aunque tácticamente a Kirchner no le conviniera. Pero no sé si eso es lo correcto. En realidad ese es un tema muy profundo que merece ser debatido alguna vez seriamente. Porque en el periodismo se mezcla la libertad de expresión, con la libertad de prensa, con la libertad de empresa. ¿Qué pasa cuando la forma de ver la realidad o la noticia de un periodista no coincide con la de sus empleadores? ¿La noticia está por encima de cualquier otro valor? O yendo al fondo de la cuestión: ¿el periodismo puede estar por encima de los intereses nacionales? Por ejemplo en Estados Unidos, los medios y los periodistas tienen asumido que el interés de la Nación está por encima del periodismo, e incluso por encima de la verdad.


- CY: También hoy sabemos cómo están las relaciones entre el grupo Clarín y el Kirchnerismo. Pero, ¿cómo se fueron dando los acontecimientos que derivaron en la posición actual del grupo Clarín, con el diario a la cabeza, que han hecho del mismo la expresión política de un partido de oposición?


- DM: Clarín, como cualquier gran grupo económico, se alimenta de más negocios. Los grandes grupos económicos muchas veces tienen más poder que el Estado mismo, pero necesitan de los administradores del Estado para que se les facilite algunos marcos normativos y otros mecanismos. Kirchner cambió la ecuación que se había dado en las últimas décadas. Sentó a la política a la mesa de discusión del poder económico. Y las empresas tuvieron que empezar a lidiar con esa nueva realidad. Ya no era el simple trámite de pedir y conseguir, a cambio de apoyo. Algunas lo aceptaron porque no tenían otro más remedio. Otras decidieron darle pelea.


- CY: ¿Y cómo vivió Usted este proceso?


- DM: Al comienzo mal. Porque me sacaron de la sección política, que era el área en que a mí me gustaba trabajar. Pero lo pude procesar rápido porque entendía cómo eran las reglas del juego. Igual, un año y pico después renuncié. Volví al periodismo político, pero ya en Página 12.


- CY: ¿ Cuál es su opinión sobre la caracterización que medios opositores al gobierno hacen del periodismo que tiene una postura favorable al mismo, me refiero al rótulo "Periodismo Militante"?


- DM: Bernardo Neustadt solía contar que cuando era joven fue a dar una prueba para entrar a un diario y le dijeron que escriba algo sobre Dios. Y que él preguntó: “¿A favor o en contra?” y que inmediatamente le contestaron: “Queda contratado”. Neustadt quería mostrar que él desde muy joven entendía como eran las reglas de las empresas periodísticas, que valoran la profesionalidad del periodista que puede escribir a favor o en contra de algo con igual determinación, según las necesidades del medio en el que trabaja. Y si lo pensamos bien, es una máxima que muchas veces se aplicó a la política: la valoración de un dirigente por la fuerza y aparente convicción con que podía defender una postura propia o de su partido en un momento y exactamente la contraria en otro. Y la analogía no es casual: el relato de Neustadt hace referencia al periodista como un militante de la causa de la empresa para la cual trabaja. Y hay algo de cierto en este tema tan complejo: todo periodista es político, es imposible abstraerse de esa condición humana. Ahora bien, hay distintas conductas de los periodistas. Hay periodistas que cumplen la máxima de Neustadt y militan para su empresa, cualquiera fuese esta. Un día puede trabajar para una empresa periodística que defiende al sector industrial, otro tiempo para uno pro agropecuario y luego para uno que defiende los intereses de los bancos; hoy puede trabajar para un diario de derecha y mañana para uno de izquierda y siempre trasmitirá un mensaje en perfecta sintonía con la línea de su empleador. Hay periodistas que sufren porque su ideología no concuerda con la de su empleador. A veces surfean sobre las palabras o transitan laberintos para poder consumar un trabajo que los deje conformes con su conciencia y a la vez no los enfrente con su empleador. Hay periodistas que aún estando de acuerdo con la ideología o los intereses que defiende de su empresa se niegan a firmar notas cuando los hechos que le piden que relate no existieron, periodistas que se niegan a mentir. Pero como no pueden negarse todos los días, si mantienen esa conducta terminan en un conflicto con sus empleadores. Hay otros periodistas que intentan, y son los menos lo que lo logran, trabajar en empresas con cuya línea ideológica estén de acuerdo y de ese modo evitan sentirse violentados al hacer su trabajo. Unos y otros, todos, son militantes: los que trabajan en medios oficialistas o en medios opositores. Pueden serlo por convicción o por dinero. Los que se paran desde un lugar ideológico determinado, cualquiera fuese éste, por convicción, podrán decir, cómo se escucha últimamente, que son militantes de “la verdad”, aunque sea de su verdad, que siempre es relativa. Lo que no resiste ninguna confrontación con la realidad es el argumento de que los periodistas oficialistas son militantes y los opositores son independientes y objetivos. No existe el periodista independiente, menos que menos el ser humano objetivo. Nosotros tenemos la obligación de ser ecuánimes y honestos, y hasta estos venerables axiomas, que en lo personal trato de cumplir, pueden entrar en contradicción cuando están en juego intereses superiores al periodismo.

- CY: ¿No cree que los periodistas de opinión deberían hacer explícita su postura ideológica, decir desde qué lugar ideológico elaboran sus opiniones? Porque si no existe un desbalance entre la supuesta verdad objetiva del periodismo que se define serio y un periodismo poco creíble por ser militante.


- DM: Creo que en ese tema lo más impactante que ocurrió estos años en la Argentina, en varios países de Latinoamérica, en España y en Estados Unidos, es que los gobiernos buscaron desbaratar, con mayor o menor éxito, el mayor factor de poder que tenían los medios de comunicación: el de generar la ilusión de objetividad. Mi mamá me decía: “dice la radio” o “dice el diario que…”. Y yo le preguntaba: “¿qué diario? ¿qué radio?”. Porque la gente cómo máximo podía pensar que La Nación era un diario conservador, Página 12 de izquierda, Crónica de los sectores populares y Ámbito Financiero de los bancos. Pero Clarín ¿qué era? Era “objetivo”, pensaba la mayoría. Eso ya no existe, aun para los que compran Clarín. Barack Obama desbarató la credibilidad de Fox y en España, luego de la crisis, ya nadie duda que no hay diarios “objetivos” en su país. En Latinoamérica, Lula y Rafael Correa desenmascararon a los grandes medios de sus países. En ese marco, hoy ya es menos importante que el periodista “blanquee” su opinión, aunque sería el ideal de pureza ética. Cuando la manipulación es burda es más evidente desde donde se habla. En estos días se hace evidente, por ejemplo, que los grandes medios opositores quieren que el dólar suba y quieren presionar sobre los precios porque saben que la inflación puede horadar al Gobierno. Eso es burdo. Y nadie va a decir: “yo todo los días pongo en tapa el tema del dólar porque eso puede perjudicar al Gobierno”. Es inútil pedir esa transparencia a la que te referís. Y más aún cuando la manipulación es sutil. Por ejemplo: uno de los grandes objetivos de los medios de comunicación históricamente fue meterle miedo a la gente, prácticamente con cualquier gobierno, a veces para ayudar a un gobierno, a una empresa o un sector determinado de la economía, o a veces para perjudicar a cualquiera de ellos. Yo recuerdo, hace muchos años, murió electrocutado un ingeniero que cayó en un pozo de electricidad que quedó abierto y tapado por el agua en una inundación. Tuvo un despliegue mediático enorme, de varias páginas por días, que se puede considerar razonable. Al mes más o menos, pasó exactamente lo mismo con un operario boliviano. Y la noticia salió en un cuadrito de diez líneas. ¿Por qué? Por discriminación. No, ni siquiera por eso. El mensaje es: señor, usted es una persona de clase media, con un buen pasar, con buena cobertura médica, igual tema, tenga pánico, porque usted también se puede morir electrocutado un día de lluvia en Buenos Aires. Y lo mismo ocurre con los casos policiales. Si hay alguien que es asesinado en un asalto en su humilde barrio, no le dan mayor trascendencia. Pero si alguien es asesinado en un barrio de clase media, si: tenga miedo, usted está en peligro, mire lo que le pasó a ese hombre que es igual que usted. En esos casos, ¿Cuál debería ser la declaración de honestidad ideológica del periodista que lo enuncia? Y todo esto que venimos hablando, está atravesado por un enorme déficit que tenemos los periodistas en general y que para nada es un tema menor: la escasa reflexión que hacemos sobre nuestro propio trabajo. Los jóvenes porque quieren avanzar en sus carreras y no se cuestionan el cómo y los grandes porque ya están hartos y sólo preguntan cuántas líneas hay que escribir y de qué tema, para terminar lo antes posible y regresar a su casa. Esta actitud acrítica que tenemos en general los periodistas es un factor importante que pocas veces se tiene en cuenta al analizar estos temas. Muchos periodistas no se preguntan si son militantes o no y menos para quien militan. Niegan de plano ser militantes, como si eso dependiera sólo de estar afiliado a un partido político, pero, como dije, en muchos casos es más por falta de reflexión que por afán de querer engañar.


- CY: En cuanto al libro específicamente, ¿cómo llega a la decisión de escribirlo y con qué inquietudes periodísticas y de estilo?


- DM: Un tiempo después de que murió Kirchner creí que debía contar lo que había visto y vivido en tantos años de seguirlo periodísticamente. Quise dejar un testimonio. Y lo hice del único modo que sabía, con textos periodísticos, con relatos de distintas situaciones protagonizadas por Kirchner que pudieran mostrarlo cómo en realidad era. La idea fue hacer un retrato escrito, a través de un Kirchner en acción, tanto en decisiones de gobierno como en su vida cotidiana. En vez de describirlo yo, que lo describieran los hechos.


- CY: Hay momentos en el libro realmente memorables, como lo es el capítulo “La soga del poder”. Creo que el relato de este momento como el de otros, como el de la toma del Ministerio de Trabajo por parte de manifestantes que pedían de máxima trabajo y de mínima pan o comida, aportan una perspectiva histórica de cómo era la resolución de los problemas en el 2003, el tenor de los reclamos – pan o comida-, el clima social de entonces, que permite apreciar con mayor justeza el presente. ¿Está de acuerdo con esta observación? ¿Fue este un objetivo también a la hora de escribir el libro?


- DM: Sí, estoy de acuerdo. En cada relato traté de contextualizar el marco histórico en que se producían esos hechos, aunque más no sea con un par de trazos, porque me parece que aporta información, es “background” que evita el riesgo de dar por sentado que el lector tiene la obligación de recordar todo.


- CY: ¿Tiene algún capítulo del libro que sienta como más entrañable?


- DM: Varias, pero elijo “Confesiones en el baño”, que transcurre el día que Néstor Kirchner asumió como presidente de la Nación. Yo sentía que era un hito en la historia argentina, que empezaba algo verdaderamente importante, y que yo era el único periodista que estaba allí, en primera fila, siendo testigo de ese hecho. Ese día me marcó profundamente.


- CY: ¿Por qué eligió a Víctor Heredia para prologar el libro?


- DM: Porque Víctor conocía bastante a Kirchner y se tenían afecto mutuo; porque tengo un gran respeto por él y porque es muy buen escritor.


- CY: ¿Cómo describiría estos ocho años de gobierno?


- DM: Vertiginosos. El Gobierno hizo mucho más de los imaginables en estos 8 años. Resolvió problemas que parecían eternos, como el de la deuda externa, que pensábamos que iba a herederas hasta nuestros tataranietos. Fue una máquina de asignar derechos como no se hacía en la Argentina desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón.


- CY: ¿Cuáles cree que son los mayores desafíos que afronta el futuro gobierno de la Presidenta Cristina Fernández?


- DM: Los mismos que tuvo hasta ahora y que tienen casi todos los países de Sudamérica hoy: el persistente trabajo de algunos grupos económicos afectados, que buscarán desestabilizarlo. En esta etapa buscarán por ejemplo que se dispare el dólar. Ya estamos viendo en estos días ese esfuerzo en algunos de los medios opositores. Pero por sobre todo intentarán que aumente la inflación, sabiendo lo antipopular que es la inflación. La tarea se les facilitará o no de acuerdo a cómo golpee a la Argentina la crisis económica del primer mundo, que irá avanzando como en el juego del dominó. Si llega a Brasil, la próxima ficha puede ser la nuestra. Cristina y Kirchner pudieron sobrellevar la crisis del 2008 y hay que confiar que Cristina vuelva a lograrlo. También, hay un tema por ahora secundario, pero que crecerá a partir del 2013: como el gobierno no tiene partidos de oposición fuertes, aquellos mismos poderes económicos van a buscar sus candidatos presidenciales para el 2015 dentro del kirchnerismo. Por eso, quienes integran el proyecto que encabeza Cristina deberán estar muy atentos a que no aparezca un caballo de Troya o a no incubar el huevo de la serpiente.


- CY: Para finalizar, cómo recuerda usted a Néstor Kirchner y cómo cree que se lo recordará con el paso del tiempo?


- DM: Yo lo recuerdo como una gran persona, un tipo tenaz y optimista y con las ideas muy claras. Un hombre de una gran inteligencia y una increíble intuición. Un tipo cálido y gracioso. Un estadista de verdad y a la vez un militante raso. Claramente era un patriota y uno de los mejores presidentes de nuestra historia. Ahora bien: que se lo recuerde así o de otra manera en el futuro va a depender de quién escriba la historia.

Entrevista realizada por Conrado Yasenza para La Tecl@ Eñe

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