17 diciembre 2009

Entrevista/ Rodolfo Braceli/ Por Conrado Yasenza

Entrevista a Rodolfo Braceli*
Arrojarse a las preguntas y que la vida ladre

Siempre me gustaron mucho los reportajes de Rodolfo Braceli, desbordantes en esa capacidad para lograr que la conversación fluya cómodamente sin perder la frescura que otorga el profundo conocimiento del entrevistado. Confieso que por las entrevistas llegué a su narrativa. Así es que me propuse entrevistarlo para La Tecl@ Eñe. Fruto de esas ganas es este reportaje en el que Braceli aborda la Ley de Medios Audioviduales - imprescindible, dirá -, el conflicto con el autodeniminado "campo" y, por supuesto, las fronteras casi imperceptibles entre el periodismo y la literatura.


Por Conrado Yasenza

– Se ha preguntado y escrito mucho sobre los acontecimientos devenidos del conflicto entre el Gobierno y el Campo, y ahora sobre la ley de medios audiovisuales, pero poco, muy poco se ha buscado la voz de los escritores. Es por eso que me interesaría saber cómo vivió usted aquel momento histórico como también el actual, y si elaboró alguna reflexión o sentimiento en torno a lo vivido.

– El conflicto entre el gobierno y el autodenominado “campo”, y después sobre la ley de medios, lo viví tejido por sentimientos que van desde la indignación al asco. En el primer caso es evidente que el gobierno sumó torpezas que hicieron agrandar a los muchachos que se creen el fundamento del pasado, presente y futuro de esto que todavía se llama “Argentina”. En la mesa de enlace faltaron dos sillas esenciales: la de los que se preocupan de la imprescindible cuestión ecológica y la de los reales campesinos, aquellos que laburan como negros y en negro. Además, estos señores se consideraron dueños de la escarapela. En su momento se discutió mucho sobre si con esta movida había o no “ánimo destituyente”. A la luz de las declaraciones yo descarto que haya habido “ánimo destituyente”. Lo que había y seguirá habiendo son “ganas, indisimulables ganas destituyentes”. Basta recordar el himno en la Sociedad Rural, el pícaro tributo al abuelo Martínez de Hoz. Lo de Cleto Cobos no me sorprendió. Sí me sorprendió que el gobierno se haya dejado convencer por su apariencia aguachenta, por su aspecto de acelga sumisa. Ya en Mendoza Cobos traicionó, a las 48 horas de su juramento, al sector radical del ex gobernador Iglesias que lo llevó a la gobernación. La segunda traición fue a todo el partido radical, cuando se coló bajo el paraguas de la transversalidad. Después vino la otra sucesiva traición, convirtiéndose en la principal figura de la oposición sin dejar de pertenecer al Poder Ejecutivo. Un caso único en el mundo. Nadie podrá negar la impresionante coherencia de Cobos en el arte traicionar. Lo grave es el altísimo grado de aceptación que este dirigente tiene en nuestra sociedad. Aceptación que no debe sorprendernos, porque esta sociedad, siempre alentada y aterrada por los medios de des-comunicación, en su promedio es la misma que vivió con obscena euforia la des-guerra de Malvinas. La misma que celebró el Mundial del 78 bailando sobre un país sembrado de muertos contra natura. La misma que avaló, con la complicidad de la indiferencia, desde 1976, la violación de la vida y la violación de la muerte, los muertos sin sepultara, el afano de criaturas salidas del vientre.

– ¿Tiene alguna opinión formada sobre la ley de Medios Audiovisuales?

– Por supuesto que la nueva Ley es perfectible. Siempre deberá serlo. Pero en lo básico es un paso colosal. No es una ley necesaria, es una ley imprescindible. Conseguirla fue un verdadero parto gestado por años. Ahora habrá que afrontar la reacción de los elefantes que monopolizaron más del 80 por ciento de los medios. Durante 26 años los poderosos estuvieron callados, ahora piden tiempo para reflexionar la nueva ley. ¿Qué hicieron con el tiempo durante esos 26 años de impunidad? Se llenaron los bolsillos de dinero. Al llamado Cuarto Poder lo transformaron en el primer poder. No tienen pudor, no tienen vergüenza: periodistas estelares que se autodenominan “independientes” ahora claman porque, dicen, peligra “la libertad de expresión”. ¿Pero de qué libertad de expresión hablan? De la libertad de empresa. Para hablar correctamente debieran decir que lo que ellos quieren es la “libertadura de expresión”. A todo esto, a la vista está que los multimedios tomaron a la siempre endeble democracia de rehén. Un ex ingeniero como Blumberg, si se lo sumaba a un golpe de inflación, hubiera bastado para tumbar esta democracia. Hablando de rehenes: ¿Y los periodistas en qué nos convertimos? La mayoría en voceros de los intereses de los medios. En patéticos partenaires. En rehenes atados de pies y manos y bolas, así condenados a la obediencia-indebida.

– ¿Cree usted que existe una suerte de banalización de la vida en general? Quiero decir, se banalizan los discursos cotidianos, los políticos, los televisivos ( los discursos de los medios masivos en general) y hasta se banaliza el deseo, la vida y la muerte.

– La banalización está en el aire que respiramos. Se ha convertido en normalidad. Es un modo de vida. O de desvida. Precisamente para esto trabajaron los supermedios de des-comunicación. Se fogoneó desde ellos para crear sensación de fin del mundo en cuanto a la inseguridad. El método es el del “ahorismo”. Todo ocurre hoy, no hay causas. La culpa entera es del presente. Así se alimenta, así cunde el peligroso y reaccionario “nunca se vio una cosa así”. Se convirtió a los cacerolazos en gestas épicas sin tener en cuenta que jamás hubo aquí un cacerolazo por algo que no tuviera que ver con el dios del bolsillo. Se descansó en la comodidad de considerar que la corrupción pertenece fatalmente a la dirigencia política. Poco se dijo que la corrupción, real y desaforada, se da en todos los terrenos: en la industria de los medicamentos, en la medicina, en el sindicalismo, en la iglesia, en los consorcios, en los clubes de fútbol. Y en el periodismo. Si hay algo muy bien repartido es la corrupción. Volviendo a la banalización: impera la comodidad de atribuírsela a la “televisión basura”. ¿Y la radio basura? ¿Y los diarios y revistas basura? Es cierto que Tinelli encarna al fenómeno Tinelli. Pero, ¿cuántos kilómetros de papel, de aire radial se nutren de Tinelli? Pregunta: ¿qué le pasaría a tanto periodismo si de pronto Tinelli desaparece? Creo que viviríamos escenas de descontrol y pánico.
En las últimas elecciones nos preguntamos quién fue el ganador. El ganador fue Tinelli. Sus imitadores superaron largamente a candidatos extraordinariamente huecos, monicacos, como De Narváez.
En nuestra sociedad la banalización se ha convertido en una religión. Se besa y no se besa, se desbesa. Se confunde el ruido con el sonido y el maquillaje con el semblante. Aquí sólo importa el “carisma”, la apariencia. El Hamlet argentino en vez de decir “ser o no ser” dice “parecer o no ser”.

– ¿Le parece que la literatura que esboza algún grado de compromiso político tiene mala prensa en la actualidad?

– Hay una tendencia, secuela del posmodernismo, a considerar el, en otros tiempos ineludible compromiso político, en literatura acotada, literatura de cabotaje. El compromiso político ha perdido prestigio literario.

– Y en todo caso, ¿qué significa para usted el término o categoría “Literatura Comprometida”?

– Para mí literatura comprometida significa literatura que no especula con el oportunismo. Entiendo el compromiso como algo que incluye lo social, lo político, pero que no se agota en eso. El compromiso también tiene que ver con otras éticas, por ejemplo, la ética de la sintaxis. En la poesía, en la ficción, en el teatro, al compromiso lo entiendo como dar un salto, pero sin red. Si el salto es con red no tiene gracia. No vale. Mejor callarse la pluma, callarse la boca. En boca cerrada no entran moscas. Ni salen.

– ¿Cree en la idea de que la creación literaria se vincula con la exploración de los márgenes de la vida y la existencia?

– Esa exploración es inherente a la creación misma. Se trata de vadear la prodigiosa absurdidad. Con el perpetuo, inagotable, dedondevenismo y adondevamos. Esa exploración se basa en un entusiasmo que a veces nos hace creer que podemos sembrar en el abismo. Arrojados a la creación podemos creer o no creer en Dios. Podemos escribir dios con minúscula, o Dios con mayúscula o, en el apogeo de la desesperación, escribir Diós con acento.

– ¿Cómo ve la relación entre periodismo y literatura?

– La frontera entre periodismo y literatura no se puede precisar. Por fortuna. Esa imprecisión es fascinante. Entre el periodismo y literatura hay como una bisagra, pero es una bisagra subcutánea. En mi caso, desde el colegio vengo escribiendo sin mirar a quien. Por suerte, nunca supe cuando me trasladé de la crónica verdadera al relato verosímil. Me pasó varias veces que crónicas o reportajes, sin darme cuenta fueron por más y terminaron siendo cuentos, monólogos, obras de teatro, hasta poemas. De hecho, desde hace algunos años la posdata de algunos reportajes es una suerte de poema tejido con hebras sacadas de la conversación.
A propósito, quiero aprovechar la oportunidad para decir que el Nuevo Periodismo es más viejo que el diablo. Sin ir demasiado lejos, qué otra cosa que Nuevo Periodismo hacía Sarmiento en su Recuerdos de provincia, o en Facundo. Crónica, novela y ensayo retroalimentándose. Dejémonos de joder con el Nuevo Periodismo. Sí, es más viejo que el diablo. Y el diablo tiene más años que la injusticia.

– ¿Cuál es su vinculación con lo que se conoce como la academia literaria?

– Ninguna. Los eruCditos no la van conmigo y yo no la voy con los eruCditos. La vida no se altera por eso. Siempre continúa.

– ¿Siente el reconocimiento de otros escritores?

– El de unos pocos, entre ellos, Antonio Di Benedetto, Raúl Gustavo Aguirre, Héctor Tizón. Donde encontré lectores más entusiasmados es en los actores: entre tantos, Inda Ledesma y María Rosa Gallo y Virginia Lago y Miguel Ángel Solá, que le dieron respiración a mi poesía y a varias obras de teatro.

– ¿Cómo observa el panorama de la creación y difusión poética en la Argentina?

– Quienes hacemos y publicamos poesía nos quejamos, desde siempre. Nos consideramos que somos el género maldito. Nos gusta, nos relamemos por sentirnos incomprendidos. Pero el género maldito –como bien lo señala Tito Cossa– es el teatro. El autor de teatro desaparece en las adaptaciones teatrales, ni se lo menciona en la televisión. Por otra parte publicar teatro es más difícil que publicar poesía. Ni a los amigos se les puede regalar los libros autofinanciados. La poesía, hasta donde sé, goza de buena salud. Hay infinidad de poetas escondidos. Por poeta entiendo, volviendo a lo dicho, no los fabricantes de lenguaje poético, sino los que se arrojan al vacío sin red.

– Para finalizar, ¿cuál es a su entender la función de la literatura?

– Despertarnos los cinco sentidos. Y especialmente el sexto. Hacernos respirar. Cuando respiramos, vivimos. Cuando vivimos, nos arrojamos a las preguntas. Cuando nos arrojamos a las preguntas, la vida continúa. A propósito de la Vida: no hay caso, no podemos vivir sin ella. Y ella, la muy perra, ¿podrá vivir sin nosotros?

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*RODOLFO BRACELI nació en Luján de Cuyo, Mendoza. Desde 1970 vive y trabaja en Buenos Aires. Es poeta, narrador, dramaturgo, periodista y cineasta.
Publicó más de veinte libros, algunos traducidos al inglés, francés, italiano y polaco. El primero, Pautas eneras, fue prohibido y quemado en Mendoza en 1962 por decisión del gobierno de facto. Entre otros libros, publicó El último padre; Don Borges, saque su cuchillo porque he venido a matarlo; De fútbol somos; Y ahora la resucitada de la violenta Violeta (Premio Municipal de Teatro 1990-1991); Vincent, te espero desnuda al final del libro y las biografías de Julio Bocca y Mercedes Sosa. Para cine escribió y dirigió Nicolino Intocable Locche. Su publicación más reciente es Perfume de gol (Planeta), 17 cuentos de fútbol con la mujer por protagonista.
Sus reportajes latinoamericanos se tradujeron a nueve idiomas y se publicaron en veintitrés países, obteniendo en 1996 el premio Pléyade a la Mejor Nota del Año por su entrevista a Gabriel García Márquez. Para conocer más: www.rodolfobraceli.com.ar

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