28 diciembre 2012

Especial Ley de Medios/Poder Mediático y Control Social: límites y alcances de la ley de medios/Por Flavio Crescenzi


Poder Mediático y Control Social: límites y alcances de la ley de medios

Por Flavio Crescenzi*
(especial para La TEcl@ Eñe)


"Si la evolución de la humanidad conduce a la mundialización del mercado, la hora del destino ha sonado. Las exigencias del mercado mundial son mucho más drásticas que las de una teoría, tan exigente como ella sea; por ejemplo, el análisis institucional. En los periódicos, ni un solo suplemento ha sido consagrado a la lucha contra el virus del nacionalismo, mucho más remanente que el del cólera, mucho más pandémico que el del SIDA. Toda epistemología, toda ética en las ciencias de la materia, de la vida, del hombre, están, de ahora en más, cubiertas por el paraguas del comercio mundial a modo de “gran novela”. En fin, es la ideología dominante, hegemónica –la del mercado, de la “circulación”, como decía Marx en La cuestión judía– la que se impone en el laboratorio, como en el terreno o de cara a las nuevas escribanías electrónicas. Los paradigmas o los proyectos políticos, los programas de investigación o de acción por esto y contra aquello, están ajustados al mismo Referente, al mismo Interpretante último: la democracia ya no es el fin a alcanzar, la libertad no es más una causa vital; son las condiciones de instalación y mantenimiento de una libre circulación del capital, de la mercancía."
René Lourau


"Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes, sino porque expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan. Las antiguas sociedades de soberanía operaban con máquinas simples, palancas, poleas, relojes; las sociedades disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas energéticas, con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje; las sociedades de control actúan mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y la inoculación de virus. No es solamente una evolución tecnológica, es una profunda mutación del capitalismo."

Gilles Deleuze. Post-scriptum sobre las sociedades del control.

“El informativo televisado, estructurado como una ficción, no está hecho para informar, sino para distraer. La sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas produce un doble efecto negativo de sobreinformación y desinformación. Y, porque querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tienen que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica.”
Ignacio Ramonet
“Porque los medios de información y la difusión de ideas están gobernadas, como los precios en el mercado y son también mercaderías.”
Arturo Jauretche

I

Karl Marx, en La ideología Alemana,  afirmaba que "las ideas de la clase dominante son en todas las épocas, las ideas dominantes”. Este postulado, si bien pasible de ser aplicado actualmente a instituciones que en el siglo XIX tenían una limitada existencia, sería el punto de partida para entender, de manera cabal y profunda, la problemática  encierran los medios masivos de comunicación. La cultura de masas es el principal y más exitoso invento del capitalismo; de esto se infiere que buena parte del sistema de producción de bienes, servicios e ideas habría aceptado un modelo basado en la tecnología, el consumismo y la satisfacción a corto plazo. El mecanismo perverso de este proceso demuestra que todo deviene mercancía: hasta el arte e incluso la cultura crítica pueden comercializarse.
En tiempos más cercanos, la escuela de Frankfurt afirmaba que la gente se subordina a la determinación de las imágenes y a los planteos habituales del sistema dominante. En sintonía con la teoría de la sociedad de masas, Marcuse aseguraba que la sociedad es “unidimensional” y que su manutención se debe, en buena medida, a la “industria cultural”. Es así como los productos de la industria cultural (y más específicamente los medios) exhiben la versión del mundo que el poder necesita difundir entre su audiencia.
Tal como se puede desprender de lo anteriormente señalado, no debe sorprendernos el hecho de que los medios masivos de comunicación se ocupan de desarrollar dispositivos de reproducción del pensamiento hegemónico. Mucho se ha escrito al respecto; podemos mencionar los trabajos de Althusser, Foucault y Chomsky, sin ir más lejos, además de los de los autores citados en los epígrafes. Todos, de una u otra forma, coinciden en que las clases dominantes, para mantener y legitimar esta hegemonía, necesitan controlar los aparatos de producción ideológicos y simbólicos, haciéndolos trabajar para su propio beneficio. En las actuales circunstancias históricas, los medios masivos de comunicación son la principal herramienta de producción cultural, es decir,  la principal herramienta de coerción.
Los medios de comunicación difunden mensajes propagandísticos provenientes de los poderes económicos, regulan pautas sociales, narcotizan al ciudadano potencialmente crítico mediante la abundante información que recibe. La hegemonía ya no se impone en términos disciplinarios, propios de una dictadura militar, sino que adopta la forma de la dictadura de la imagen única, de la palabra única, del pensamiento único, disfrazados de diversidad tecnológica y democrática. El panóptico de Bentham ha alcanzado su más perversa expresión a través de la globalización y de su consecuente tráfico de noticias fabricadas.

II

El FMI, el Banco Mundial y el Tesoro de los  EE.UU. han venido manejando la economía latinoamericana a través del llamado “Consenso de Washington”, esta dominación económica tiene una sutil pero efectiva continuación en la dominación ideológica (en busca siempre de otro tipo de consensos), evidenciada a nivel global en el proceso de fusión de grandes empresas de comunicación y de poderosas agencias de noticias, todo en manos de grandes capitales internacionales ligados a los países representantes del poder mundial.
Utilizando símbolos emocionales para contar la historia de acuerdo a sus propios intereses, los dueños de los medios de comunicación  construyen estereotipos que, con su difusión masiva, se transforman en verdaderas categorías mentales para la mayoría de los miembros de una cultura determinada. El relato de los acontecimientos históricos sobre la base de una estructura mitológica facilita su asimilación por las masas, creando las condiciones necesarias para la legitimación de la clase dominante.
Podemos mencionar, a modo de ejemplo, algunas palabras que forman parte de un arsenal utilizado con frecuencia, aunque vaciado de su contenido original, por las grandes corporaciones mediáticas:
Palabras que remiten al Bien: Libertad, Democracia, Estado de Derecho, Mundo Libre, etc.
Palabras que se identifican con el Mal: Opresión,  Dictadura,  Fundamentalismo, Corrupción, etc.
Lo “político” ha caído también en la lista de los demonizados; de este modo, los poderes pueden garantizar que el concepto no se emplee en su acepción positiva: la de transformar la realidad. De cara a este escenario, es decir, de cara a la concentración de medios de comunicación en manos de pocas empresas privadas transnacionales, el logro de una mayor igualdad en la circulación de la información es mucho más que necesario. La desigualdad que se plantea en ese plano, subrayo a riesgo de pecar de redundante, está estrechamente relacionada con la desigualdad en la distribución de la riqueza; ambos frentes son parte de una misma gran batalla.

III

En nuestro país, la problemática que tratamos presenta un caso extremo. En 1978, dos años después del golpe cívico militar, la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo de Graiver, legítima dueña de Papel Prensa S.A., fue obligada por el poder de facto a vender las acciones de la compañía a los diarios ClarínLa Nación y La Razón. Tras las espurias negociaciones de traspaso, el abogado del Diario Clarín, Bernardo Sofovich, le advirtió a Papaleo que debía huir del país por su propia seguridad.
En 1980, se promulga la Ley de Radiodifusión 22.285. Para ese año, Clarín se había convertido en el mayor distribuidor de diarios en el mundo hispanohablante. Como vocero del establishment, el crecimiento de este diario fue vertiginoso. En el año 1990, con la privatización de varios medios de comunicación, Clarín comienza a expandirse a otros medios. Primero adquiere Radio Mitre. Luego, gana la licitación para operar el Canal 13 mediante su subsidiaria Arte Radiotelevisivo Argentino (ARTEAR). También incursiona en la televisión por cable mediante Multicanal en 1992. En 1993, Artear lanza el canal de cable Todo Noticias (TN), y en 1994, la señal Volver. En 1996, aparece la versión online de Clarín y sale a las calles el Diario Olé. Asimismo, se crea el portal Ciudad Internet en 1997. En ese mismo año, también crea la Compañía Inversora de Medios de Comunicación S. A. (CIMECO), junto al diario La Nación. La firma administra matutinos en el interior del país; entre ellos, La Voz del Interior y Los Andes. El Grupo Clarín se constituye formalmente como Sociedad Anónima en 1999 e introduce como accionista minoritario a Goldman Sachs. En el año 2000, el grupo compra el diario La Razón, se asocia con la productora televisiva Pol-ka y participa en las acciones de la cinematográfica Patagonik. Entre 2005 y 2007, el Grupo Clarín adquiere Cablevisión, proveedor de TV por cable que competía con Multicanal. Luego, ambas empresas se fusionan y presentan juntas un servicio de Televisión Digital. Actualmente es el conglomerado mediático más grande de la Argentina y, de acuerdo a algunas fuentes, el grupo de medios más grande de toda América Latina.  ¿Monopolio? Creo que la respuesta salta a la vista.                                                       

Tras la recuperación de la democracia, se intentó derogar la Ley promulgada por la dictadura  militar, en varias oportunidades. Los presidentes Raúl Alfonsín en 1988 y Fernando de la Rúa en 2001, presentaron sus correspondientes proyectos de ley,  proyectos que no pudieron  ser  tratados, debido a fuertes presiones por parte de la gran corporación mediática argentina.

El 10 de octubre de 2009 se promulgó la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual que establece un límite razonable de licencias para cada grupo empresario, favoreciendo así la pluralidad de voces al evitar la concentración mediática y su consecuente abuso de poder. En 2011, al vencer el plazo para adecuarse al límite de licencias por decisión de la Corte Suprema de Justicia, Clarín presentó una medida cautelar que lo eximía de la adecuación por 36 meses. La fecha del 7 de diciembre, como bien se sabe, surgió del fallo de la Corte Suprema sobre la cautelar interpuesta por Clarín contra los artículos 45 y 161 de la ley. Bien, Clarín no sólo no se avino a desinvertir, sino que mediante probables sobornos, logró prorrogar la cautelar. La prórroga en cuestión ha sido desestimada por la Corte, pero sabemos que el monopolio mediático no cesará en sus intentos de eludir  la ley  y  solazarse una vez más en su histórica impunidad.
Para los que trabajamos por una cultura emancipatoria, la Ley de Medios representa una oportunidad sin precedentes. No sólo por lo que enuncia su texto, inobjetable en varios puntos,  sino también porque ofrece la posibilidad de ponerle fin a los excesos de una corporación que representa lo más nocivo de nuestra idiosincrasia, idiosincrasia que, afortunadamente, está  ahora sujeta a discusión.


*Poeta, Ensayista y Docente


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