28 diciembre 2012

Especial Ley de Medios/El toque de Clarín de la Abeja Reina/Por Jorge Garaventa


El Toque de Clarín de la Abeja Reina
¿No estamos Medio Confundidos?

Por Jorge Garaventa*
(especial para La Tecl@ Eñe)


Para entender cabalmente de qué se trata semejante disputa en torno a la llamada ley de medios, y el  porqué de semejante ferocidad opositora, es necesario establecer de qué estamos hablando: menos de la libertad de expresión, y aún de la libertad de empresas, que de cuál concepción del estado es la que finalmente sobrevendrá. Por eso es llamativo que hoy se opongan a la norma en cuestión, muchos de quienes reclamaban en otros aspectos el aniquilamiento del Estado regulador.
¿Qué entendemos entonces por Estado regulador?, ni más ni menos que aquel que interviene para compensar las inequidades del sistema.
El menemato trajo consigo la naturalización del sálvese quien pueda y su triste y consecuente secuela de deslizados y excluidos.

La libre regulación, regula, valga intencionalmente la redundancia, para el lado de los poderosos, las escenas se centran en los desbalances comerciales y empresarios y las prácticas monopólicas son objeto de devoción…es un modelo que se reproduce ya sea tanto en lo macro social como en lo barrial, y hasta podemos aventurarnos a que ello se filtre también en lo familiar.
El liberalismo en práctica, que de eso se trata, es una fabrica prolífica y contundente de ricos y pobres, que a su vez destruye las capas medias…algunos se deslizan hacia abajo, otros directamente caen fuera de los límites del sistema, muy pocos promocionan hacia arriba, y los del podio acrecientan su poder. No hay secretos ni operaciones extremas, es sencillamente así y a la vista de todos.
Los barrios vieron desaparecer algunas joyas preciadas, además de los cines que simbolizaron la derrota cultural de la época, cuando los almacenes cerraron sus cortinas empujados por las cadenas de supermercados en primera instancia y por los mercados chino- coreanos más tarde…el desguace del comercio amigo se consolidó con la llegada de los Blockbuster que llevaron al destierro final del video club del barrio, y del amigo fanático de Cinema Paradiso que nos aconsejaba con serena dedicación qué poner en nuestra casetera cada fin de semana.
Lo que queremos ejemplificar, en síntesis, es que el aniquilamiento de usos y costumbres que significó la vigencia del Estado liberal no fue solo un fenómeno macro sino que, al lado nuestro, tampoco dejó títeres con cabeza. Se fue haciendo cada vez más lejana y extraña, la posibilidad de opción, tras la mascarada de la libertad de elegir.
En el 2004, invitados a hablar del tema “medios” en una jornada organizada por las Comisarías de la Mujer de la provincia de Buenos Aires decíamos:

“El gobierno de los 90 y quienes lo sucedieron habilitaron una transformación y un sinceramiento en los medios, fundamentalmente los llamados de comunicación masiva.
Transformación en el sentido que, hoy socialmente naturalizados, los medios devinieron en multimedios conformando mega empresas que atraviesan transversalmente los dominios de la comunicación y llegan desde múltiples bocas a los sentidos de los usuarios.
Sinceramiento en el sentido de que la objetividad informativa de los medios y la independencia en la transmisión fue un elemento que ha anidado más en las arcas de la mitología que en la realidad palpable.
Redundamos entonces, pero subrayamos que establecidas las cosas de esta manera responden a intereses sectoriales, empresariales y aún variables según las circunstancias socio políticas.
La cuestión se ha complejizado hoy de tal manera que, establecer quiénes son los propietarios de los multimedios no necesariamente da pistas claras de a qué intereses o sectores responde.
Sintetizando, ha quedado como un inofensivo cuento de hadas aquel slogan que un diario que apareció en los 80 y pico utilizara para diferenciarse del resto: “periodismo con opinión”, se leía y creo que aún se lee en su tapa.
El slogan no era inocente y atacaba la esencia del mito dominante: diarios, radios, televisión, y en menor medida las revistas “informaban objetivamente”, “mostraban la realidad tal cual era”

Podría pensarse, y tal vez sea cierto, que nuestro estilo denunciante de entonces, era contundente pero desesperanzado. Si bien la continuación de esa ponencia no viene al caso, sí,  cabe recordar que nuestras esperanzas descansaban fundamentalmente en la dinamización voluntaria de los medios alternativos de difusión de información. El fin del ciclo de Menem, el fugaz e irresponsable paso de la Alianza por el gobierno y el primer año de la administración Kirchner desalentaban la fantasía de dar luz a una nueva ley de medios que pudiera poner algunas cosas en su lugar. De hecho el Ejecutivo proponía transformaciones impensadas hasta ese momento en el campo de los derechos humanos, a la vez que consolidaba su alianza con el clan Noble- Magnetto.
Tal vez eso, y la permisiva actitud hacia la apurada instauración de la patria sojera permitieron a las corporaciones agrícolas ganaderas soportar la firme actitud de llevar al banquillo de la Justicia a los genocidas. Después de todo, los militares nunca habían sido un poder determinante e influyentes por si mismo sino en tanto y en cuanto fueran gendarmes de los intereses a los cuales nos referimos.
El gobierno comprendió cabalmente y desde el principio que para instalar su pretendida hegemonía debería responder con contundencia  a cada rebeldía sectorial.
Los planteos militares sobre los juicios recibieron como respuesta, masivos pases a disponibilidad.
Cuando el gobierno decide gravar suavemente con la resolución 125 las extraordinarias ganancias de las empresas agro granaderas, estas responden con virulencia, mostrándose como uno de los poderes más sólidos del país y lo paralizan. La iglesia católica y los multimedios de información se alían con el conservadurismo campesino, o mejor dicho, blanquean impúdicamente su alianza histórica con el poder real hasta entonces. Tal vez desde 1955, las instituciones hegemónicas no mostraban su verdadero rostro, en una crudeza sin maquillajes.
La Iglesia cumple su triste papel denunciando la pobreza y la degradación moral. Fue tragicómico ver a esos hombres de polleras que venían de transitar sin inmutarse, por los pasillos de los campos de exterminio, pedir la reconciliación de víctimas con genocidas, entre tantos despropósitos. Desde el gobierno le enviaron tres respuestas contundentes: la ausencia de las máximas autoridades de los Tedeum del 25 de mayo, el retiro de los Capellanes de las Fuerzas Armadas, y tal vez, el más contundente de los golpes, la ley de matrimonio igualitario con derecho a adopción y herencia. Las contundentes movilizaciones en contra de esta última medida no hicieron vacilar la decisión.
El grupo Clarín dejó en claro que la alianza estratégica que mantenía con el gobierno, no era a prueba de balas. Abandona el acuerdo con los Kirchner y se solidariza con los “dueños” de la tierra. La respuesta de los Kirchner no se hace esperar y empieza a tomar forma una ley de medios que amenaza con arrebatar todos los privilegios, que a fuerza de balas y desapariciones habían logrado durante la dictadura, como el asalto a los Graiber,  merced a las dádivas en los 90; y como prolongación de los beneficios y vista gorda hacia las prácticas hegemónicas en la primera etapa K.
Veintiséis años después de la jura de Alfonsín, el país tiene por primera vez una ley que pretende regular la libre circulación de la información desde una concepción inclusiva.
Comienza una batalla que lleva ya tres años y que deja al descubierto de qué forma está establecida la alianza de poderes reales. De ese análisis surge con claridad el porqué de la virulencia a la que hacíamos alusión en el comienzo.
Para quién ha venido siguiendo la disputa desde su origen, gran parte de lo aquí relatado puede parecerle un conjunto de obviedades, pero es precisamente en el campo de las obviedades donde se libra la pelea de fondo.
El Gobierno equivoca la estrategia al centrar el eje de la controversia en el grupo Clarín ya que si bien sabemos que la mega empresa es el símbolo de lo que hay que cambiar en materia de medios, no es menos cierto que dicha estrategia permitió al holding empresario victimizarse y alinear en su tropa, alianzas impensadas. Y no nos referimos a los sectores tributarios de los beneficios económicos que puede devengar el grupo Magnetto. Hay quienes, y no son pocos, honestamente están convencidos de estar abanderados en la lucha por la libertad de expresión.  El “chau Clarín” o el “Todo Negativo” hubiera necesitado ser un punto de llegada. Pero estamos hablando del canal de cable que mas público convoca y del medio gráfico más vendido. Difícilmente se pueda voltear un gigante haciéndole cosquillas en la panza. Encima, y aquí la otra falacia, esta ley no se ocupa de los medios gráficos, otro agujero negro  en el entramado social de acceso a la palabra, dicha o escuchada en el formato que fuere.
El gobierno no reservó para el Estado, cosa que debería haberse previsto, la distribución de los medios producto de la desinversión. El Ejecutivo puede mediar para garantizar la transparencia y legitimidad del destino de las operaciones pero no puede incidir. Se pierde de esta manera una posibilidad de distribución democrática genuina. Estos son algunos de los vicios que devienen de confundir Gobierno con Estado. Los actos de los gobiernos de turno son insignificantes si no están pensados para un Estado que permanece.
El proceso que terminó en el show de las cautelares distrajo al gobierno y lo dejó en mora en la aplicación de la ley, sobre todo en los aspectos más distributivos. La dinámica en la aplicación efectiva hubiera dado otras señales a la sociedad; y valga el concepto de señales en toda su significancia. Primó la cuestión militante y se tapó parte del problema.
Sabemos que en determinados segmentos de la defensa corporativa se actúa en forma delincuencial, y no puede haber miradas inocentes. Las medidas judiciales cautelares no son sencillamente un ejercicio de paciencia para el Gobierno. Son lesivas para todos, ya que bien pueden constituirse en la tregua necesaria para consolidar la creación de empresas fantasmas, herederas de los bienes monopólicos.
Clarín ha demostrado ya una claridad insustituible en ese sentido. Sabía que la suerte del destino identitario de los hermanos Noble Herrera iba a culminar en los análisis de ADN. Pero los lapsos judiciales logrados le fueron permitiendo relevar las muestras existentes y presentarse, luego de diez años, como voluntariamente dispuestos a acatar la ley. Aquí es lo mismo. Si las cautelares le dan el tiempo necesario será el grupo el que anuncie su “voluntario acatamiento a la normativa vigente”.
La Corte Suprema es conciente que el fallo definitivo será a favor de la desinversión. Tuvo en sus manos, y no quiso, la posibilidad de dar un corte al tironeo. Prefirió, contradiciendo incluso fallos propios anteriores, ceñirse a la letra de la ley, aun sabiendo que ello a veces deviene en acto de injusticia o al menos de dilación. La inusitada fundamentación de los dos últimos fallos recientes parecen darnos la razón: no nos metemos, total el fallo  de la instancia anterior es  inminente. Sin embargo hubiera sido un ejercicio de pedagogía institucional, aun cuando los Supremos tendrían que haber tolerado la ira mediática de los empresarios y sus aliados. En tiempos en que está en disputa lo esencial, la equidistancia y la prolijidad no suelen ser el mejor camino. No ignoramos que cualquier fallo está impregnado de la direccionalidad ideológica de quien lo produce. No hay fallos inocentes. Sólo planteamos que en esta oportunidad la Corte Suprema tuvo la posibilidad de cerrar el conflicto y prefirió optar por preservar una imagen higiénica ante Tirios y Troyanos.
Volviendo al principio. Claramente no está en juego ni la libertad de expresión ni la libertad de empresa. Lo que se está discutiendo en el fondo es si somos capaces de terminar de desmontar el Estado liberal que tiene su punto de partida en la Argentina de Videla y Martínez de Hoz, que se benefició con el respeto que le prodigaron los gobiernos de la democracia, que se convirtió en el mito del ingreso al primer mundo en el desguace impiadoso del menemismo, y que cruje fuertemente pero no termina de caer. El liberalismo, lo hemos padecido, no es necesario explicarlo, acentúa la inequidad que subyace tras el discreto encanto de la libertad de opción y de acción, en un mundo tarifado al que pocos tienen acceso.
La ley de Medios inexorablemente tendrá su plena vigencia e irá sufriendo los cambios que sean necesarios para adecuarla a una época de transformaciones urgentes. Será tarea de la comunidad organizada que la misma esté al servicio de la consolidación de un Estado participativo y no de un gobierno de turno.
La acumulación empresarial de medios de comunicación masiva es sinónimo de la hegemonía de la palabra dicha en una sociedad tan diversificada que reclama que cada sector sea difusor de la propia. Y el Estado tiene la obligación de garantizar que ello ocurra.
Ya vivimos la era de un Estado ejecutor de su propio desguace y por ende de la consolidación de la injusticia social. Ya supimos que convertirlo en una oficina administrativa dejaba al país en zona liberada para las empresas mafiosas. Algo de la batalla que falta es cultural. Es necesario reponer socialmente el concepto de Estado. Que no se sinonímice con Gobierno no es tarea del ejecutivo sino de los actores sociales. Pero un Estado prescindente es para pocos y las consecuencias son tenebrosas y las hemos padecido trágicamente.

Dice Alberto Cortez:
“Quien no quiera saberlo
 Que apague la luz
 O entierre la testa
 Como el avestruz
 Y siga evitando tocar este tema
 Y siga pensando, que no es su problema
 Y afirme, tajante: ""Es más importante
 La miel que las abejas"

Todo esto está en el medio del ataque y defensa de la ley de Medios, solo que la batalla judicial, medio confunde…por eso es importante no perder de vista  las abejas, aun cuando la Reina del panal produzca crispaciones. El zumbido no nos debería hacer perder el norte, porque cuando el Norte se apropió de nosotros…estuvimos fritos…

*Psicólogo


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