15 marzo 2010

Hazaki César/ Informe Juventud y aturdimiento

La cultura adolescente de los Bad Boys y los Fondos Buitres

por César Hazaki *

Ilustración: F. Bacon
“En la actualidad el vaciamiento de la subjetividad deviene de un imaginario social donde sólo existe la libertad de tener y el poder de dominar. Su resultado es que no potencia la capacidad de elegir ya que, no sólo limita a la mitad de la población que vive en la pobreza, sino que restringe la libertad al banalizar su potencia”.
Enrique Carpintero

El poder da impunidad

En momentos nuevamente álgidos por el debate acerca del pago de la deuda externa, trataremos de rastrear algunos aspectos de los condimentos de tan explosivo problema. Conocimos los fondos buitres en todo su esplendor en los noventa cuando se lanzaron sobre las economías emergentes, eufemismo que habla de los países sometidos a las disposiciones de las grandes empresas multinacionales y el imperialismo a través del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y demás organismos que prepararon el desembarco, con sus consejos, presiones y técnicos, de la “ocupación financiera”.
Los Fondos Buitres, como su nombre lo indica, aprovechan la debilidad de una empresa comprando sus deudas y, a través de ellas, las empujan hacia el peligro de muerte. Es ese el momento preciso para hacerse propietario de la misma con el menor costo y esfuerzo posible. No es difícil establecer relaciones entre la riqueza y la sexualidad. El diccionario de la Real Academia Española define a la codicia como: “Afán excesivo por las riquezas/apetito sexual”.
Capitalismo salvaje, bonos basura, fondos buitres fueron formas habituales de denominación de las acciones más recalcitrantes de la concentración monopólica. Sobre ellos se imprime una categoría apreciada: “Libertad” sólo que le agrega una palabrita mágica: “Mercado”. Así libertad de mercado es la vía por la que los fondos buitres y el capitalismo forman parte del pragmatismo ramplón para justificar la lógica que da la expropiación global, la que permite lanzar burbujas financieras para recoger fastuosas ganancias y empobrecer, una y otra vez, a los pueblos del mundo. “El poder da impunidad”, la frase de Yabrán ilumina en estas pampas el modelo de apretar, ahogar y devorar empresas, de alguna forma podemos decir que dejó en ella un modelo a seguir.

Fondos Buitres y su modelo para exportar

Los Fondos Buitres requirieron gente entrenada y endurecida en la guerra económica para lograr la destrucción y sometimiento de empresas. En general reclutan gente joven de las universidades más conspicuas entrenándola en el tema. No hay más que recordar la película Wall Street y el entrenamiento de Michael Douglas sobre el joven para que aprenda a delinquir en la bolsa de valores.
Esos jóvenes fueron los conocidos yuppies, contracara del modelo hippie de los años sesenta, que marcaron con sello de identidad el placer por ganar dinero, la ostentación y el consumo. Fueron el paradigma que el imperialismo mostró como ideal para la juventud de los ochenta. El joven narcisista, exitoso, consumidor de todo tipo de exclusivos bienes y estrechamente asociado a la cocaína. Lo que se dice un modelo para exportar que tiene al doctor Johnson como el Dale Carnegie del momento. Ya no se trata de ganar amigos, sino de seguir su indicación: El hombre debe dedicarse a ganar dinero dado que es una actividad recomendable y placentera. Frase que parece sacada de un libro de autoayuda del capitalismo para expandirla por vía mediática a todo el globo. Bourdieu da cuenta qué se propone detrás de todo esto: “Las relaciones objetivas de poder tienden a reproducirse en las relaciones de poder simbólico. En la lucha simbólica por la producción del sentido común o, más precisamente, por el monopolio de la nominación legítima, los agentes empeñan el capital simbólico que adquirieron en las luchas anteriores y que puede ser jurídicamente garantizada”1.
Vemos así cómo: “los sectores dominantes utilizan su “capital simbólico” para nombrar las identidades colectivas que permiten mantener las formas de dominación en que ese poder se perpetúa”2.

Los Chicos Malos

Han salido a la luz algunas cuestiones que hacen a las formas de relación entre los jóvenes de clase alta en sus diversiones de fin de semana, en especial en countrys -de las que poco suele conocerse dado que se mantienen dentro del espacio cerrado de los mismos-, los lugares de diversión nocturna y zonas de veraneo. Como suele ocurrir son las crónicas policiales, al mejor estilo de la siempre vigente novela negra, las que pueden mostrarnos los indicios para analizar los hechos. Nos referimos a asesinatos en riña y otros modos de pelea los cuales adquieren formas sorprendentes para aquéllos que creen que el bienestar y la riqueza alejan a los jóvenes de las clases acomodadas de la violencia y el sadismo. Estos hechos en su esencia no son producto de la xenofobia, ni de la diferencia de clase, sino que forman parte de una serie de acciones que toman a la diversión al modo de una ordalía que se realiza cada sábado.
Los crímenes del poder hacia la juventud son más que conocidos en Argentina y los mismos se fueron deslizando desde el terrorismo de estado, a las jóvenes como María Soledad, la reciente desaparición de Luciano Arruga y los ejecutados por el “gatillo fácil” de las distintas policías del país. En todos estos ejemplos es el poder, en sus distintas formas, el que se constituye en amo y señor de las vidas y muerte de los jóvenes.
Los casos que estamos tratando de entender son diferentes por la misma razón que antes mencionamos: se da entre personas que pertenecen a un mismo grupo y no parece haber ningún intento de apoderamiento del espacio físico -como es el caso de barras de barrio- ni interés económico de por medio. Entonces, ¿por qué ocurren? ¿Qué expresan?
Vale la pena intentar algunas ideas: los jóvenes son parte de una sociedad que les da modelos y propuestas. Dado que no existe una sola forma de ser adolescente, tenemos que ir comprendiendo que estas conductas y estos grupos no surgen de la nada y poco parecen tener que ver con el nivel educativo y económico que poseen. Cabe aclarar que hablamos de estas situaciones a sabiendas de que hechos violentos en las clases altas han ocurrido siempre y que seguirán ocurriendo. Lo que cambia, en los casos que nos ocupan, es que nos pueden ir indicando hacia dónde están preparando las clases dominantes, con qué ejemplos, con qué cosas permitidas, cuáles prohibidas, modelos a imitar, etc., a sus hijos.

Duro y cruel

Son jóvenes que pueden llevar una pelea hasta el aniquilamiento del otro, que no tienen códigos de pelea sino que buscan armar celadas para que la o las víctimas siempre sean elegidas siendo menos y con pocas posibilidades de defenderse. Una vez logrado esto la posibilidad de muerte del rival no los detiene sino que parece actuar como un acicate.
Cabe preguntarse entonces cuáles serán los destinos de estos muchachos, para qué se están preparando, casi sin saberlo, y qué les pedirá la sociedad el día de mañana. Podemos decir que son hijos de Yabrán dado que creen en la impunidad de su propio poder y lo refuerzan buscando rivales más pequeños en número para triunfar en sus raids nocturnos de fin de semana, en esta especie de “deporte extremo”. A diferencia de los violentos solitarios, estos otros andan en grupo y, es más, necesitan estar juntos para realizar estas acciones. Adrenalina pura conseguida con energizantes -parece una terrible ironía el nombre de estas bebidas-, alcohol y éxtasis. Otros como parte del mismo tipo de acciones han salido en 4x4 para disparar con armas de fuego a los pobres.
Toda esta forma de goce extremo y ritualizado no es conveniente, para el poder, que se exprese tan “en vivo y en directo” por sus propios hijos. Dado que se trata de convencer a la sociedad de lo contrario, esto es, que la violencia, el asesinato y demás delitos son sólo asuntos de los pobres hacinados en las villas, de jóvenes marginales, de los piqueteros duros, de bandas de narcos, de la mafia china, etc. Puestos así los Bad Boys, en blanco sobre negro, a los ricos se les rompe el espejo ideológico con el que aspiran y necesitan que la sociedad los vea e idealice.
No hay duda que tales “diversiones” ponen de manifiesto, de arriba hacia abajo, el sadismo que recorre la sociedad capitalista en la que vivimos. Aquí se muestra esa subjetividad hecha de desechos, de restos amorfos de la anterior, como dice Silvia Bleichmar3, preparada en las clases altas para expandir el modelo del sálvese quien pueda y que propugna jóvenes endurecidos para trabajar como los fondos buitres, agregamos nosotros.
No se trata de temer a los “Chicos Malos” y declararlos peligrosos para la sociedad sino de lo inverso: ver en ellos el entrenamiento adaptativo en el sadismo y la crueldad para que luego, ya adultos, lo apliquen en sus lugares de mando.
Notas

1 Bourdieu, Pierre, Cosas Dichas, Editorial Gedisa, Barcelona, 1993.
2 Carpintero, Enrique, Topía Revista, Nº 46, abril de 2006.
3 Bleichmar, Silvia, Topía Revista, número 46, abril de 2006.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

comentarios